Diseño e Interiorismo

Todos los profesionales, y más si cabe, los que nos dedicamos a trabajos vinculados al mundo de las artes, tenemos una visión propia de entender y ejercer nuestra profesión. Por este motivo quiero daros unas claves para acercaros a mi forma de sentir, expresar y manifestar esa visión, y como ésta se traduce en una determinada actuación.

Tener una idea clara del propósito, significado y objeto del proyecto. Entenderse con el cliente, algo que se intuye casi al momento, constituye la base de cualquier comienzo. La correcta lectura del espacio, captar una sensación inmediata, dejarme envolver por una disposición de ánimo en ese primer contacto, me da la clave final. Porque la primera impresión SÍ cuenta. Si ese primer cara a cara con el espacio a tratar es el adecuado, la idea inicial, y la realidad final casi se tocan. La medida de las cosas y su proporción en el desarrollo de cualquier idea, prima sobre otras cuestiones meramente decorativas. La sensibilidad, la capacidad de percibir y concebir la belleza, está basada en esa proporción, que determina una atmósfera y conforma un carácter estético. Mi linea de trabajo se basa en la absoluta concordancia con el espacio. El fin es conseguir una armonía, una coherencia entre todos los elementos que interactúan en él: formas y volúmenes, materiales, texturas, colores, y sobre todos ellos el control de la luz, saber cómo y dónde se quiere utilizar, porque su incidencia y el modo en que actúa dota de carácter y expresión a una obra.

Siempre abierta a incorporar y descubrir cómo se comportan los distintos materiales que la industria nos ofrece cada día, huyo de tendencias pasajeras o modas demasiado marcadas que uniforman, etiquetan, y vulgarizan las reformas con la misma rapidez que las hacen caducar. Defiendo ante todo la ATEMPORALIDAD y la VIGENCIA, términos que no son contrarios. Todo es cuestión de una adecuada y acertada compensación. Utilizo, sobre todo, materiales naturales con los que se pueden conseguir resultados sorprendentes según la forma de emplearlos o tratarlos. Evito lo excesivo en la decoración, mi lema es que lo demasiado evidente no resulta creíble. A la hora de proyectar, tanto espacios públicos, como privados, busco dotarlos de una rotunda y personal presencia que evite la demanda de adornos y ornamentos superfluos, y estos, si son necesarios, deben de ir dirigidos a embellecerlos. En ningún caso pueden ser utilizados para tapar, camuflar o enmascarar deficiencias de planteamiento tanto conceptual, como de resolución espacial. Una buena reforma tiene que impactar en su aparente desnudez, sin los objetos decorativos propios del cliente, tiene que cautivar y asombrar a primera vista sin que la anécdota distraiga.

Defiendo la idea de que el sello y la actuación del interiorista debe estar presente en el resultado final de la reforma, su evidente linea de trabajo es lo que lleva al cliente a decantarse por un profesional u otro. Sin embargo, considero que en el caso de las viviendas particulares hay que saber otorgar al cliente el derecho de imprimir, en el espacio que va a habitar, la esencia y significado de hogar.